22 de marzo de 2020

ser vs tener

Hoy, en pleno confinamiento colectivo, un amigo ironizaba sobre la poca importancia que tenían asignaturas como la gimnasia o la música como asignaturas "María". Era en respuesta a este comentario compartido:

Qué casualidad que 3 de las asignaturas educativas menos valoradas con menos horas lectivas y consideradas "Marías" como son Dibujo, Música y Educación Física sean ahora la mejor forma de mantener un equilibrio y salud mental y física en estos días tan difíciles de reclusión. Fomentar la creatividad, cantar y tocar instrumentos y hacer algo de ejercicio en casa. Las recomendaciones que hacen todos los expertos. Si eso vale para una ocasión tan delicada, qué beneficios no nos aportará en "condiciones normales"!!

En respuesta este amigo ironizaba sobre el futuro de los hijos del que había compartido este comentario: su hija que sea cantante y que acabe siendo el juguete roto de productores sin escrúpulos, peleando en los tribunales con su padre sobre la gestión del patrimonio... Y, de pronto, ante este comentario me he dado cuenta de algo: estaba extrapolando las actitudes y las metas del sistema capitalista neoliberal al mundo de las artes. Es decir, las actitudes que puede tener un bróker: ambición, metas encadenadas con tendencia al infinito e individualismo que te lleva a pelearte con tu propia familia (o a ellos contigo más bien en el caso del juguete roto, pues tú eres el producto). Por supuesto esta carrera de ambición, individualismo ciego puede llevarte a la autodestrucción, proyectada, perfecta y claramente, en el perfil del juguete roto. Digamos que el individuo se mimetiza como animal social con el sistema en el que "nada": el crecimiento sin fin es una exigencia. Pero, me he preguntado, si el individuo tiene como destino el juguete roto, ¿hacia dónde tiende el sistema? ¿Se auto-fagocita? También el sistema es un juguete roto que ya no recuerda su infancia porque se la ha perdido y se acaba "matando a sí mismo" arrastrado por el ansia devoradora de tener más, de consumir más, de llegar más lejos... Hay varios ejemplos de juguetes rotos, Macaulay Culkin es uno antonomásico. Pero ¿qué acaba ocurriendo con el individuo en el sistema? La ambición lo rompe. Deja de producir dinero desde la fuente que tenía, en este caso la interpretación. La pregunta es: ¿y el sistema? ¿Deja de producir dinero desde la fuente de donde brotaba? ¿Deja de funcionar? Parece que un replanteamiento podría ocurrir, pero sería después de la publicidad, que en vez de 7 minutos esta vez va a durar 15 días+15 días, por ahora...

Una segunda reflexión es la siguiente: en el ámbito en el que yo me muevo y, especialmente, en el que se mueve mi chica (actriz de teatro), no veo esa ansiedad por crecer de forma tan exponencial (como el virus). Quizás es porque los amigos actores que tengo/tenemos no son famosos, viven haciendo equilibrios para vivir de ello. Su mayor ambición es vivir de ello. Sólo quieren ser actores/actrices, eso es lo que les hace felices. Eso es ya conseguirlo. Estar en el medio es ya la meta. Como indicaba hace 14 años cuando mi vida pegaba un giro hacia el audiovisual, cuando mucha gente me preguntaba: ¿y si no lo consigues? Esto respondí en su momento:

¿Y si no lo consigues? Bueno, ya lo he conseguido. Mi felicidad está en el presente, no en lejanas metas futuras. En la actitud y en la intención, no en el resultado. Ya estoy estudiando cine, ya lo he conseguido, ya (ahora) soy feliz. No hay fase de valle de lágrimas que lleva a tierra prometida, no creo en el sufrimiento, menos para conseguir cielos cambiantes.

Muchos tienen trabajos alimenticios. Otros como nosotros, viven de trabajos muy relacionados o exclusivamente trabajando para el medio, estos últimos los más "afortunados", más en el medio más en su meta. ¿Quiere decir esto que no hay egos o ambiciones desmedidas en la gimnasia, en la música, en el teatro, en el deporte, en el audiovisual, en el cine? Por supuesto que no. Me vienen muchos ejemplos a la cabeza. El sistema imperante es el capitalismo neoliberal: con todo su pack de ambición, de crecimiento sin fin, de individualismo y de competencia deshumanizadora. Esto está en todas partes. Al igual que en profesiones que no son de la rama de la educación física o artística hay trabajadores llenos de empatía, respeto, colectivismo, colaboración frente a la competencia. Mi opinión es que hay una gran mayoría, en general, dentro de estos valores. Mayor seguro en algunas profesiones que otras. ¿Cómo sería si el sistema fuera diferente? ¿Los porcentajes se invertirían (y subvertirían)?  ¿Debería de darse importancia a las ciencias de la salud que ahora son tan necesarias, y (volviendo al origen de este post) a las artísticas? Quizás lleguemos a verlo. ¿Una parada del sistema, de esa gran maquinaria de producción, una parada tal como una pandemia es suficiente para replantear el sistema? : 15 días+15 días, por ahora... Quizás no, quizás no nos planteemos nada.

PD: este post podría haber ido un poco más lejos: ser vs tener vs estar. Pero para ver esto último hay que irse a otras culturas lejos de Europa.

27 de junio de 2018

"La Familia No" (Gon Ramos)


"La Familia No" es como si te subes a una atracción de un parque, te atas el cinturón de seguridad y lo siguiente que recuerdas, tras oír el click del cierre del cinturón y una sacudida, es que has vuelto a tu infancia. Especialmente si tienes hermanos, especialmente si eres de familia numerosa, como es mi caso. Si eres padre, también te verás al otro lado, sí, también estoy aquí.

El espacio escénico es un acierto: un coche (con cuatro niños dentro). Y su iluminación dirigida, intencionada y brillante en su ejecución desdobla este universo en varios. Es el lugar común de toda familia numerosa que ha hecho infinitos kilómetros (más infinitos cuando eres pequeño) en un viaje en el que poco importa de donde vienes y a donde vas, lo intenso es la experiencia familiar completa y la convivencia en ese ecosistema familiar que es una mini representación intensa del universo de relaciones familiares. Aquí ocurre todo: los juegos, las risas, los llantos, las peleas, los reencuentros, los sueños y los despertares, los gritos y los susurros.



La implicación de los actores/actrices es máxima. Jacinto destaca como maestro de ceremonias, Emilio en su miedo, Fabia en su carácter y Eva en su ternura. En un texto que les deja jugar y crear y que está muy equilibrado en intervenciones: Una bonita, y a veces terrorífica, coral infantil.

La estructura no es lineal: no es la razón lo que guía la estructura, es la emoción, es una estructura en espiral (o circular), que a veces sube y se aleja del centro y a veces baja y se acerca. Es un viaje de emociones, lo que hay que hacer es montarse en la espiral y dejarse llevar. Entonces podrás llorar y reír, para comprender, recordar, olvidar y perdonar. Arranca con los personajes/niñ@s muy presentes en escena y según avanza y se acerca al final desdibuja la línea entre personajes y actores/actrices. El único pero que vi estructuralmente es en unos monólogos que, aunque son de contenido poético e intenso, me traen a escena al autor, lo hacen presente y, quizás, mejor mantenerlo en la sombra, en mi opinión. 

El género es una comedia dramática o un drama lleno de humor, depende del espectador: Lo más fascinante de la obra es cómo pasa de la comedia al drama y viceversa, con velocidad de la luz, como en una montaña rusa. La risa te pillará con las lágrimas húmedas, como a mi hija, como a mí, el ritmo emocional de los niños te atrapará.



Las temáticas todas giran en torno a la familia: el inevitable alejamiento de los hermanos, sus relaciones, la relación con los padres, y como joya de la corona el planteamiento del arrepentimiento de la paternidad/maternidad que sobrevuela  toda la obra... (((Yo, desde mis propias vivencias, vi incluso un hermano mellizo que no está y la culpabilidad del que quedó: "has matado a tu hijo"...)))

Dejo una reflexión final que es también una paradoja: el drama aparece cuando aparecen los adultos, el drama aparece porque no aparecen los adultos.



Ficha artística

Autor de la obra: Gon Ramos
Reparto: Fabia Castro, Eva Llorach, Jacinto Bobo y Emilio Gómez
Dirección: Gon Ramos
Diseño escenográfico e Iluminación: Javier Ruiz de Alegría
Vestuario: Kendosan Producciones
Diseño gráfico y fotografía: David Ruiz
Diseño de producción: Jesús Sala
Producción: Jesús Sala e Inma Cuevas